lunes, noviembre 02, 2009

Cuento publicado.


Me encontré con la excelente noticia de que me publicaron un nuevo cuento en Axxon. Se titula "El mensaje" y aunque se puede leer en este blog, dense una vuelta para que ademas lean otros 51 cuentos breves que están excelentes. http://axxon.com.ar/rev/?p=931

jueves, octubre 29, 2009

Cuento aceptado para publicar.


Me han aceptado "La cara de la perversidad" para ser publicado en la fanzine No.2 del sitio H-Horror.com. Aquí el link y la imagen de la portada.

Relato finalista en concurso.

Mi cuento, "Mi peor travesura" quedo finalista en el concurso auspiciado por Ediciones Fergutson. Saldrá publicado como una antología titulada "Dios muere, Dios nace". Aca les pongo el link.

jueves, octubre 15, 2009

Cuento Publicado.


Aquí tienen el dossier especial dedicado al VII Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2009, en el que encontrarán el microcuento ganador y los finalistas, destacados por el jurado del concurso. Todos los trabajos están acompañados por excelentes ilustraciones, en su mayoría, realizadas expresamente para ilustrarlos



domingo, octubre 04, 2009

Acta del Jurado del VII Certámen de Microcuento Fantastico Minatura 2009.

Reunidos los votos del Jurado del VII Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2009, formado por:

Manel Aljama (Escritor)

Javier Arnau (Escritor y poeta del género fantástico y la Ciencia Ficción)

Javier Muñoz Livio (Novelista y poeta)

Carmen Rosa Signes Urrea (Escritora y fotógrafa)

Ricardo Acevedo Esplugas (Poeta y escritor)

Tras la lectura de los 517 micro cuentos presentados de un total de 368 participantes, que provenientes de diferentes nacionalidades, a saber:

88 Argentinos

1 Argentino-Español

1 Argentino-Australiano

1 Camerunés

27 Colombianos

1 Costarricense

37 Cubanos

10 Chilenos

2 Dominicanos

6 Ecuatorianos

132 Españoles

4 Estadounidenses

1 Hondureño

21 Mexicanos

3 Panameños

4 Peruanos

3 Puertorriqueños

1 Salvadoreño

17 Uruguayos

7 Venezolanos

1 Venezolano-canadiense

Se proclama como ganador del concurso el microcuento:

“JOHN SEAL” De la panameña Annabel Miguelena. El jurado lo destaca por ser un texto ágil en su lectura, con un toque de ternura y fantasía que traslada al lector a la infancia de una forma original cargada de misterio, despertándole los más antiguos temores.

Así mismo el Jurado decide hacer mención de la calidad de los siguientes cuentos finalistas:

“Demasiada Imaginación” De Erath Juárez Hernández (México)

“Tecnoferia” De Javier Fernando Castillo Naranjo (Colombia)

La Oficina De Objetos Perdidos” De María Luisa Castejón (España)

“Tiempo Cero” De Elaine Vilar Madruga (Cuba)

“Ciclos Nocturnos” De Juan Ángel Laguna Edroso (España)

“Kūrėjas” De Alba Yagüe Renau (España)

“X” De Daniel Antonio Carrillo Monsálvez.(Chile)

“El Espejo” De Ariel Martínez Monteiro (España)

“Los Locos” De Daniel Avechuco Cabrera (México)

“El Círculo” De Fermín Vidales Martínez (España)

“Los Besos Son Un Recurso Natural Renovable” De Néstor Darío Figueiras (Argentina)

“Yo y los pájaros” De Carla Piña (México)

“El Mundo Bajo La CamaDe Oscar Eduardo Franco Olivares (México)

“Las ventanas del miedo” De Raul Oscar Ifran (Argentina)

La Difícil Adolescencia De John Dalton” De Julio Rueda Suárez (España)

Queremos resaltar el aumento de textos no sólo en número sino en calidad, por el cuál, el jurado, resalta la difícil elección del ganador entre los sesenta trabajos que llegaron a la final. Esperamos vuestra participación en la siguiente edición de este concurso.

En breve podréis disfrutar de los cuentos que serán publicados en una edición especial de la Revista Digital miNatura, ya en preparación. Gracias a todos.

domingo, septiembre 06, 2009

Más cuentos colaborativos.

Se me olvida anunciarles mi participación en otros cuentos del Megagrupo de Relatos.

En esta ocasión participé con el final de:



Y con el inicio de: Soy malo, pero lo aprendí de tí http://www.megagrupoderelatos.com/2009/06/soy-malo-pero-lo-aprendi-de-ti.html

Lean y si pueden voten. Lo mejor sería que intentaran participar.

Saludos.

sábado, julio 11, 2009

Nuevo cuento publicado.


Me han publicado "El beso" en Aurora Bitzine. Página dedicada a lo fantástico primordialmente. Excelentes ilustraciones por mi cuate M.C. Carper de Argentina.


Espero les guste.

sábado, abril 18, 2009

Huye.



Despertó, de nuevo el mismo sueño. Se puso de pie todavía con el corazón a punto de atravesarle el pecho. Volteó hacia el lecho, su esposa seguía dormida. Hubiera jurado que había gritado con todas sus fuerzas, pero ella ni se inmutó. En la cabeza le seguía retumbando una y otra vez, huye, huye…

—Párate, nos vamos. Tenemos que huir— la sacudió hasta despertarla.

—¿Qué? —contestó, abriendo los ojos con dificultad.

—Vámonos, despierta a los niños. Haz una maleta lo más rápido posible.

—¿Pero, por qué Augusto? ¿Te has vuelto loco?

—He tenido el mismo sueño, tenemos que irnos, ya. Apresúrate.

—Pero, no hay necesidad ¿De qué huyes?

—¿José dudó del ángel que se le apareció en sueños? ¿Abraham o Moisés desobedecieron al señor? Dios me ha dicho que huyamos y es lo que haremos, así que muévete.

Salió de la habitación y fue hacia la cocina para agarrar todo lo que cupo en una pequeña maleta. De la recámara le llegaban los sonidos que hacia su esposa para levantar a los hijos que reclamaban que no se les dejara descansar.

—¿Por qué mamá? Estamos cansados —dijo la más pequeña.

—Ni yo entiendo por qué se comporta así tu padre, ¡apúrense!

—Te juro que ya no aguanto ¿Qué hicimos para merecer esto? —gritó el mayor.

—Voy a tratar de hacerlo entender, mientras ayúdame a empacar algo de ropa.

—Esta vez no cuentes conmigo ¡ya estoy harto!

Dejaron de discutir cuando oyeron que Augusto encendía el auto y tocaba la bocina con insistencia. No paró hasta que vio salir a su esposa cargando a la niña y jalando una bolsa con ropa, y más atrás a su hijo adolescente, quien no muy convencido las seguía.

Arrancó el auto y tomó el camino que los llevaba a la carretera principal. No hablaban, sólo se escuchaba el motor que era forzado al máximo.

—Augusto, por favor disminuye la velocidad.

—Tú no entiendes, tenemos que huir, me lo dijo Dios.

El camino se hizo más estrecho a medida que avanzaban hacia las montañas.

—Detente, déjanos aquí.

—¿Estás loca? No voy a abandonarlos aquí.

—Por favor papi, ya no queremos ir contigo —dijo la niña.

—Olvídenlo, irán conmigo hasta el final.

Su esposa empezó a forcejear con él, intentando que disminuyera la velocidad, pero el hacía todo lo contrario, ignorando que llegaban al tramo de curvas peligrosas. Entonces el le dio un golpe en la cara que hizo que rebotara contra la ventanilla. Fue entonces que el hijo enfurecido se abalanzó sobre él, provocando que se salieran de la carretera.

La caída era de más de cincuenta metros, sintió como los hierros retorcidos se le incrustaban por todos lados al golpear el fondo del barranco. Vio a su pequeña salir disparada por el parabrisas y como le estallaban las vísceras a su esposa, el cuerpo de su hijo degollado…


Despertó, de nuevo el mismo sueño. La voz de Dios, una y otra vez. Se puso de pie todavía con el corazón a punto de atravesarle el pecho. Su esposa seguía dormida, sintió alivio, aunque seguía angustiado ¿No había gritado hasta desgarrarse las cuerdas vocales? En la cabeza le seguía retumbando una y otra vez, huye, huye…

—Párate, nos vamos. Tenemos que huir— la sacudió hasta despertarla.

—¿Qué? —contestó, abriendo los ojos con dificultad..

—Vámonos, despierta a los niños. Haz una maleta lo más rápido posible.

—¿Pero, por qué Augusto? ¿Te has vuelto loco?

—He tenido el mismo sueño, tenemos que irnos, ya. Apresúrate.

—Pero, no hay necesidad ¿De qué huyes? Descansa, y déjanos descansar a todos.

—¿José dudó del ángel que se le apareció en sueños…?

—Escúchame, Augusto. Entiende. NO HAY NECESIDAD.

—¡Tenemos que huir!

—No hay necesidad ¡por amor de Dios, escúchame!

Augusto pareció reaccionar, se quedó viendo a su esposa, como si las cosas empezaran a ser más claras para él.

—¿Por qué dices que no hay necesidad?

—Porque ya estamos muertos, Augusto ¡Mu-er-tos!

jueves, abril 02, 2009

Fin del Reinado.


Por fin, después de noches infructuosas de búsqueda había dado con él. Lo había seguido hasta esa calle que estuviera desierta de no ser por las ratas que entraban y salían de los botes de basura a punto de reventar. La lluvia había hecho que la calle se vaciara y que las prostitutas que trabajaban ahí se escondieran en los edificios adyacentes y quizá alguna hubiera cometido la estupidez de entrar en el mismo lugar que su presa. Mal presagio que lloviera, sobretodo cuando estás en una zona desértica, como si fuera una puesta escénica escrita por el demonio.

Las luces de neón parpadeaban a lo lejos y mientras se acercaba podía distinguir lo que decía el letrero “Karaoke”.

El único sonido que escuchaba, era el de las gotas de lluvia que caían con fuerza y chocaban con su gorra de Los Dodgers de Los Ángeles. Se acercó poco a poco a la puerta y la abrió con cuidado. Sacó de un bolso la botella con agua bendita y el crucifijo y se internó en la oscuridad.

Esperó a que fuera él, quien diera el primer paso, mientras sus ojos se acostumbraban a la falta de luz. Sintió como empezó a descender la temperatura al mismo tiempo que su pulso se aceleraba a mil por hora. No podía fallar, seis años en su búsqueda, de levantar cadáveres secos, sin una gota de sangre. De seguir la pista de una sombra, de dejar todo por el asesino de su familia. No le creían, a pesar de que cientos lo habían visto caminar por las calles. El juraba que la persona a la que visitaban en su tumba era un impostor y que el verdadero deambulaba por las calles de Las Vegas como si nada. Nadie regresa de la muerte, ni siquiera él, le decían. Pero el ya lo tenía acorralado y acabaría con su reinado de terror.

Esperaba encontrarse con el mismo espectáculo de siempre, cuerpos por todos lados, cabezas separadas de sus cuerpos (hubo una ocasión que el maldito había hecho una especie de puzzle humano con una de sus victimas, solo que se había equivocado y las piernas las puso donde iban los brazos), pero todo parecería en orden, excepto por el silencio sepulcral.

De pronto se encendió la luz del escenario y la música empezó a sonar.

The warden threw a party in the county jail.
The prison band was there and they began to wail...

Alrededor de la pista había como diez personas sentadas, no pudo ver sus caras. Pero tampoco se movían. No pudo evitar ser contagiado por el ritmo. Canta bien, el muy maldito gordo, se dijo.

A pesar de que él no muerto tenía puestos sus lentes oscuros, sintió su mirada, trató de resistirse, alzó el crucifijo como si eso fuera suficiente para acabar con el embrujo auditivo, pero el maldito no para de cantar.

Lets rock, everybody, lets rock.
Everybody in the whole cell block
Was dancin to the jailhouse rock.

Se fue acercando cada vez más, hasta que pudo ver al público, todos tiesos, secos, con los ojos tan abiertos que pareciera que en cualquier momento saldrían disparados como aquellos lentes de broma que venden en las ferias.

Lets rock, everybody, lets rock.
Everybody in the whole cell block
Was dancin to the jailhouse rock.


Sintió la humedad de la alfombra, sus pies se pegaban a ella. Se percató que caminaba en un enorme charco de toda clase de desechos humanos. Lo tenía a tan solo unos pasos. Era el momento en el cual no debía perder el valor y atacar con todas sus fuerzas, pero estaba hipnotizado por la voz, por el ritmo de las caderas del vampiro. La canción estaba a punto de terminar. Destapó la botella con agua bendita y justo cuando terminó la interpretación más espectacular que hubiera escuchado y presenciado una decena de muertos de “El rock de la Cárcel”, lanzó un chorro de agua que da justo en la cabeza de su oponente y resbala por la frente deshaciéndole el copete y parte de la cara, mientras se retorcía de dolor.

Cayó al suelo y él aprovechó para saltarle encima y le arrebató el micrófono. Con ambas manos lo sostiene y como una estaca, se la clava en el corazón. Un grito desgarrador inunda el local, lentamente el cuerpo de Elvis Presley va desapareciendo hasta convertirse en cenizas.

Camina, libre de un enorme peso. De vez en cuando voltea a ver el antro que se consume en llamas. Ha cumplido con su venganza. Por fin, ha muerto el rey.

domingo, marzo 15, 2009

Por toda la eternidad.



aminando sin rumbo, dejando a sus pies la decisión de dónde parar. Raymundo, hastiado de la vida, de su trabajo y de su matrimonio -que de matrimonio solo tenía el nombre- se encontró con que las calles ya no le eran familiares, ya era de noche y que a dónde quiera que volteara nada podía reconocer. Había estado tan absorto en sus pensamientos suicidas que no se dio cuenta en que momento todo quedó desierto, sin ruido, sin otra luz mas la que daba la luna. Ya había llegado, lo tenía enfrente, qué hago aquí, pensó. Decidió dar vuelta en una esquina, donde una placa toda oxidada decía calle siete. Y empezó a tratar de recordar esa calle para ubicarse y saber dónde demonios había ido a parar, pero nada, debía de ser de esos barrios donde te matan gratis, pensó. Ni siquiera un alma para preguntarle.

Avanzó unos metros más y fue cuando escuchó el sonido de la música y de gente divirtiéndose a a unas dos esquinas de donde se hallaba. Siguió el ruido hasta que llegó a la puerta de un Bar franqueada por dos individuos mal encarados, pero que en cuanto lo vieron, se hicieron a un lado para dejarle pasar.

—Le estábamos esperando señor Rodríguez, adelante.

Un largo pasillo iluminado apenas por luces fosforecentes, le conducía hacia donde se oía todo era un bacanal. Y no estaba equivocado, el lugar estaba abarrotado. Un penetrante olor a sexo le inundó los pulmones. Cientos de parejas en la pista, unos bailaban, otros satisfacían sus instintos animales con quien tuvieran enfrente. Se quedó inmovil, como espectador de la orgía, hasta que del otro lado, el barman le hacía señas de que se acercara. Mientras se abría paso entre la multitud para llegar a la barra, se daba cuenta que los demás lo miraban y hablaban de él, pero sin parar en lo que estuvieran haciendo.

Por fín llegó hasta la barra, donde el barman lo recibía con su cerveza favorita.

—Aquí tienes Jorge, bienvenido a mi bar.

—¿Qué lugar es este y cómo sabe mi nombre?

—Relájate y disfruta ¿Estás aquí por que ya no aguantabas tu vida no? Asi que tómate tu cerveza y busca con quién joder, que lo que más disfrutamos siempre dura muy poco ¿no crees?

—Pero ¿quién es toda esta gente? Yo no puedo tirarme a la primera que me encuentre.

—¿Ni siquiera a esa morena?

Una morena de grandes curvas y magníficos senos se acercaba a la barra. Totalmente desnuda, se acercó y le plantó un beso en la boca y le hizo olvidarse de todo. Volteó a ver al barman de reojo y éste le sonreía y no pudo hablar hasta que la morena se agachó para hacerle sexo oral.

—¿Pero qué demonios es esto?

—Te lo dije, es mejor no resistirse y disfrutar hasta que llegue el momento, así es como hacen todos ellos. Es un descanso breve que les doy, además sirve para que me relajo un poco. No todo es castigo.

—¿Castigo de qué?

—Bébete otra cerveza y olvidalo. Que falta muy poco para que esto termine y mis muchachos vengan.

Ya no pudo hablar. Pero se quedó pensando a que se refería... por tres segundo nada más.

El placer era demasiado e hizo lo que cualquiera que tuviera sangre en las venas haría. Después de la morena, se unió a una pareja que lo hacía en en la mesa. Luego a una cadena humana donde cada quien se encargaba del que tuviera enfrente, hombre o mujer, daba lo mismo. Al ritmo de la música los cuerpos se unían y desunían.

Hasta que la música paró y las luces se apagaron. Alguien gritó: ya vienen, ya vienen. Y lo que era una orgía se convirtió en una masacre. Jorge solo podía ver las sombras y escuchar los alaridos, el ruido que hacían los cuerpos al caer, la sangre cayendo a chorros. Unos demonios alados se encargaban de mutilar con sus garras a la gente que intentaba escapar. Se agachó y se arrastró por el piso inundado de vísceras y miembros amputados de tajo. Pudo llegar a la barra y se escondió del otro lado, agachado escuchaba con horror los gritos de todos. Hasta que se dio cuenta que estaba a un lado del barman.

—¿Qué es esto, dónde estoy?—le gritó.

—Estas en el infierno amigo y aquí es donde se castiga a los suicidas — y se agachó para verlo directo a los ojos— y así será por toda la eternidad.

—!Yo no me he suicidado! Es cierto lo he pensado, lo he deseado, pero no me he...

Y entonces pudo ver con claridad dentro de su mente. Caminaba hasta llegar a la estación del metro, esperaba a la orilla del andén a que llegara el próximo y cuando lo tuvo enfrente se lanzó al vacío haciéndolo pedazos. Había encontrado los huevos para hacerlo.

—Aunque no todo es castigo como ves —escuchó.

Pero para él solo quedaron grabadas las palabras que se repetían una y otra vez: Así será, por toda la eternidad...  

Sin Salida.



El dolor lo volvió a despertar, ésta vez no habían pasado más de sesenta minutos y ya necesitaba otra dosis ¿Qué hora era? Las luces apagadas significaban que era de madrugada en el hospital. En la cama de a lado, un enfermo roncaba a todo pulmón. Alargó el brazo para presionar el botón para llamar a la enfermera. Se la tenía que dar, la convencería para que le adelantara la morfina. Por un segundo se le olvidó el dolor al sentir que alguien lo agarró de la muñeca y se la bajó de golpe.

La oscuridad le impedía ver quién estaba a su lado. Primero pensó que había sido su hermana Teresa, pero ella tenía más de un mes que no lo visitaba ¿A esa hora, quién? Le pasaron por la mente varias personas, incluso gente que ya había muerto, y fue cuando supuso que por fin la hora que tanto había añorado había llegado.

—¿Has venido por mi? ¿Eres la muerte?

No le contestó nadie, pero le soltaron de inmediato. Forzó la vista para buscar a quién quiera que estuviera en su cuarto, sus piernas empezaron a temblarle de los nervios.

—¿Quién está ahí?

Solo silencio. Una sombra apareció de pronto y se colocó a sus pies.

—¿Me llevarás contigo?

—A donde vayas, irás solo. Yo soy un conducto al fin de tu sufrimiento, nada más —se escuchó la voz de una mujer.

—¿Y será dificil?

—Lo será más para mi que para tí, te lo aseguro.

—¿Por qué lo dices?

—Por que ahora que lo pienso, debería dejar que te sigas retorciendo de dolor. No mereces el alivio que te daré.

Una punzada que le recorrió todo el cuerpo le recordó exactamente a lo que se refería, necesitaba la morfina o la muerte, lo que fuera, pero en ese momento.

—!Llévame, ya! —gritó el desdichado. Pero más que nada lo hacía para que alguien acudiera en su auxilio.

—No es necesario que grites, nadie te escuchará, todos duermen. Ya me he encargado de ello.

—¡Piedad!

—Todo mundo sabe la clase de hombre que has sido, de las atrocidades que has cometido ¿Dime, tuviste piedad de alguna de las mujeres que violaste y torturaste hasta la muerte?

—No, todas esas perras se lo merecían. Tenía que matarlas. Bueno, todas menos una. A ella le perdoné la vida.

—¿Supiste que esa mujer se embarazó y tuvo una hija, producto de tu ataque?

—No lo sabía, ni me interesa. Ahora lo único que quiero es morir ¿Me tenderás la mano y me matarás de una vez por todas?

—No soy la muerte.

—Acaba conmigo pronto.

—Lo haré despacio, al menos lo disfrutaré.

Ella le quitó una almohada y se la colocó en la cara, y presionó. Al principio hubo una especie de resistencia que poco a poco fue cediendo, hasta que al fin el cuerpo decrépito dejó de sacudirse.

Una sonrisa se formó en el rostro de la mujer y dejó escapar una risita.

—Ojalá te pudras en el infierno, padre —dijo, mientras abandonaba la habitación.  

miércoles, marzo 11, 2009

El mensaje.


Le costó un trabajo colosal abrir los ojos para percatarse de que el cuarto estaba  oscuro. Volteó a su derecha y el reloj electrónico marcaba las 8:30 A.M. Había dejado las cortinas cerradas y el sol que siempre lo despertaba no pudo hacerlo por esta vez. Odiaba tanto el sonido de la alarma que nunca la programaba, en algún rincón del closet estaban los pedazos de otros relojes para atestiguarlo. Por enésima ocasión se le había hecho tarde para ir al trabajo, pero lo tomó con calma. Un terrible dolor de cabeza como si se la estuvieran taladrando, le recordó que la noche anterior se había ido de farra con sus amigos. En un rato hablaría a su trabajo e inventaría alguna excusa, aunque no se le ocurría nada para esta ocasión. Se iba a poner de pie cuando se dio cuenta de que no estaba solo en la cama. De reojo la vio. Estaba de espaldas, desnuda. La sábana blanca contrastaba con la piel canela de sus nalgas.

No podía creer que tuviera tanta suerte. No recordaba cómo había ido a parar ahí esa mujer y si la noche anterior hubo sexo. La chica estaba presente, él estaba desnudo, era lo único que importaba. No iba a perder la oportunidad de tener acción después de tantos meses de abstinencia. Se acercó un poco para despertarla, cuando el timbre de la puerta sonó. Al infierno, no voy a contestar, pensó. Pero seguían insistiendo. Sus dedos apenas rozaron el pelo de la chica, como si temiera despertarla antes de tiempo. Se amarró una toalla alrededor de la cintura y con el rostro desencajado del coraje salió a ver quién lo interrumpía cuando iba a echarse el polvo de su vida. Se asomó por la mirilla de la puerta. 

—Lo que me faltaba —dijo entre dientes. 

Un muchacho, rubio, de rostro casi angelical, con una Biblia en la mano tocaba con insistencia. 

—Me lleva el demonio — masculló y abrió la puerta de golpe.

El muchacho no dejaba de sonreírle y de mirarlo como si escudriñara en lo más recóndito de sus pensamientos  y eso, a él, empezaba a incomodarle.

—¿Se puede saber cuál es la insistencia? —dijo bastante molesto.

—Disculpe si lo desperté, pero es que le tengo un importante mensaje de nuestro señor Jesucristo —contestó el muchacho.

—Mire, aquí en esta casa somos católicos, no aceptamos propaganda de sectas y además no tengo tiempo ni ganas de escuchar ningún mensaje de nadie, así que gracias y nunca regrese — dijo y cerró la puerta de golpe.

El timbre volvió a sonar, esta vez con más insistencia. Esta vez abrió de manera violenta.

—Me lleva la chingada ¿pues qué no entiendes carajo? —gritó. El chico ni se inmutó, seguía mirándolo de esa manera.

—Se trata de su salvación, aún es tiempo que se arrepienta de todos sus pecados. Lo que está haciendo en estos momentos puede esperar, el mensaje que le traigo es de vital importancia para usted —le contestó.   

Esa mirada tierna comenzaba a desesperarlo, odiaba esa mirada. 

—Regresa mañana ¿si? Te prometo que con gusto te escucharé —mintió con todas sus ganas e intentó sonreírle y sonar amable. 

Jaló la puerta poco a poco mientras el chico iba asomándose por el hueco que quedaba entre la puerta y la pared hasta que se cerró por completo. Esperaba que esta vez se hubiera ido y no volviera a molestarlo, se imaginaba que la muchacha ya estaría despierta por tanto ruido y a lo mejor se vestía para irse y eso era algo que no iba a dejar que sucediera.

Se asomó rápido a la recámara y ella seguía ahí acostada, ahora con la sábana hasta los tobillos. A punto de quitarse la toalla ya listo para el ataque, el timbre volvió a sonar. Esta vez ya no se dirigió a la puerta, fue al ropero donde escondía una pistola. Le voy a poner el susto de su vida  a este cabroncito de mierda, pensó.

Corrió a la puerta, en el camino se le cayó la toalla dejando su erección al descubierto. No le importó, abrió la puerta de par en par. Nada, se había ido. 

En el suelo le habían dejado una Biblia, con un mensaje.

PARA SALVARSE, LEA EL SALMO 23 EN VOZ ALTA, ES SU ÚLTIMA OPORTUNIDAD.

¿Pero que coño se trae esta cabrón con mi salvación?, se dijo. Cerró la puerta y mientras lo hacía se le hizo bastante extraño que la calle estuviera desierta. Un viento frío se coló por debajo de la puerta y fue como un cubetazo de agua del ártico. Su erección se convirtió en algo peor que un mal chiste. El sol parecía ocultarse, como un eclipse programado para él y la ocasión. De pronto tuvo la urgencia de leer el dichoso Salmo, pero la Biblia se le resbaló de las manos.

—Me lleva el demonio —alcanzó a decir.

—Así es y no me gusta que me hagan esperar en la cama —dijeron a sus espaldas.

Blog de relatos colectivos.

Me encontré un blog de relatos colectivos. Puede uno participar escribiendo ya sea la introducción, el nudo o el desenlace. Los cuentos son cortos y el resultado casi siempre es impredecible. Ya participé en tres como ejercicio para la creatividad.  Estos son los links a los relatos, espero que les gusten. Condenaciones (descenlace), La vida desde la muerte (nudo) y Pasmoso espectáculo de Circo (intro).



domingo, febrero 01, 2009

Cuento publicado.


Me han publicado el cuento "El bebé de Carmen". Esta vez en NM número 11, revista argentina. El cuento lo escribí en el 2005, inspirado en una premisa del taller 7.   Es de mis preferidos. Espero lo disfruten. Pueden leerlo en linea o bajar la revista para imprimirla.  http://www.revistanm.com.ar/content/hemero.html

martes, enero 20, 2009

Cuento publicado.


Me han publicado "La trampa" un minicuento para el especial de "Alienígenas". Nuevamente en Minatura, revista Cubana y como siempre llena de excelente material de buenísimos autores. Es un orgullo aparecer ahí a lado de ellos. Descarguenla aqui http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/

jueves, diciembre 04, 2008

Nuevo cuento publicado.


Una verdadera sorpresa. Me han publicado "Ángel de mi guarda"en la revista electrónica de Sao Pablo, Brasil, Terrorzine Minicontos de Terror. No está traducido al portugués.
Muchos minicuentos, excelentes la mayoria.


Pueden bajar la revista gratuitamente aqui: http://www.cranik.com/terrorzine4.pdf

domingo, octubre 26, 2008

Nuevo cuento publicado,


Me han publicado "Multiplicidad" co-escrita con una muy buena amiga de Argentina, Paula Salmoiraghi. Ha sido en el "Eridano 18" dedicado al terror. Ya tiene un buen rato que lo escribimos para un ejercicio del Taller Forjadores. Espero les guste

Lo encuentran aqui

miércoles, septiembre 10, 2008

Nuevo cuento publicado.(Axxón 189)


Ya antes había sido publicado por Axxón, pero es la primera vez que me publican un cuento largo. Como siempre es un honor aparecer en tan prestigiada revista. PS3 surgió de una noticia que un amigo del Taller Forjadores publicó en el foro y los personajes son miembros del taller que aceptaron que sus nombres fueran usados. La ilustración es del buen amigo M.C. Carper y es excelente. Los invito a leerlo y a salpicarse de sangre con él. Axxón 189

lunes, septiembre 01, 2008

Gracias.


A todos mis amigos que respondieron al mensaje y me han ayudado y continuan haciéndolo.


Les doy mi corazón.

miércoles, julio 23, 2008

Ángel de mi guarda.



—Ángel de mi guarda —dijo el niño, luego hizo una pausa. En ese momento se le había olvidado la oración que su madre le enseñó— Dulce compañía… ¿qué sigue?, pensó.
—No me desampares —se escuchó debajo de la cama.
—Ah, si. No me desampares ni de noche ni de día —esta vez la voz del niño se quebró casi al final, estaba a punto de llorar.
—No llores, es inútil ¿puedes acabar ya? —insistió la voz.
—Quédate conmigo… —continuó el niño, su llanto empezó a ser más fuerte. Se limpió las lágrimas con la sábana.
—Hasta que… —la voz le ayudó, apurándolo.
—Hasta que me entregues en los brazos de Jesús y de María —terminó el pequeño.
Se hizo un silencio, el niño fue dejando de sollozar poco a poco, hasta que por fin se calmó. Miró con cuidado en ambos lados de la cama y se asomó debajo ¿Se había ido?
—Ahora si nos vamos —se escuchó.
Una mano cadavérica sujetó al niño del brazo y lo jaló hacia la oscuridad.

viernes, mayo 30, 2008

Critica a "El escultor" en la Biblioteca de El Kraken

Bueno, no me sorprenden las dos estrellitas que me pusieron. La verdad que el cuento podía mejorarse, pero en MIASMA nunca me contestaron después de haberse aprobado. Espero tener en mis manos pronto esta publicación, que es un gran orgullo estar en ella.

Pueden leer la crítica aquí http://www.elkraken.com/Esp/Revistes-esp/R-Miasma%209-esp.html

domingo, mayo 25, 2008

Cuento publicado en papel

Ayer recibí el siguiente email, la verdad no me lo esperaba. El cuento no es de terror, ni siquiera fantástico, trata de dos compadres cornudos. Está cotorro como decimos en México. Luego lo publico aquí.


PRESIDENTE ARS CREATIO (presidente@arscreatio.com)
Sent:
Saturday, May 24, 2008 8:38:57 AM
Reply-to:
presidente@arscreatio.com
To:
Erath Juárez Hernández (theonlyerath@hotmail.com)

Hola Erath:
En la segunda edición del concurso "Una imagen en mil palabras", quedaste seleccionado por el jurado para que tu trabajo, "Entre compadres", formara parte del libro que presentamos el próximo miércoles día 28 de mayo a las 21 horas en la Biblioteca Municipal de Torrevieja.Si deseas asistir (mejor, si puedes) estás invitado al acto, de todas formas, en caso de no poder, te enviaremos un paquete de diez libros, y si deseas que enviemos el libro a alguna biblioteca de tu localidad, también podemos hacerlo, solo indícanos la dirección. gracias por tu colaboración y felicidades si es la primera vez que ves tu trabajo plasmado en imprenta, si no, seguro que ya te falta poco para tener uno propio.El acto se transmitirá por radio en Internet en http://www.torreviejanet.comen directo.

Un saludoManuel Tévar

jueves, mayo 01, 2008

Nuevos cuentos publicados.




Un número más de Crónicas de la Forja, con excelentes cuentos e ilustraciones. Participo con "Naves sobre el desierto" un cuento al estilo de las series de los 60´s con un poco de sangre.


También casi al mismo tiempo aparezco en el número 8 de NM con "Justicia Expedita" un cuento que me gusta mucho y que espero que a todos también. Lo pueden leer aquí: http://www.revistanm.com.ar/content/hemero.html

sábado, abril 05, 2008

Cuentos Publicados.




Nuevamente me aceptaron un cuento en la revista cubana Minatura en su número 85, esta vez en el especial de Seres Elementales. El relato se llama "El troll bajo el puente". La revista en formato PDF la pueden bajar aquí.




También en forjadores.net me han publicado "El salvador caerá de una estrella" en el especial de aniversario. Por segundo año consecutivo los compañeros del taller han votado por los mejores cuentos libres y me han elegido con este cuento.

Por fin, MIASMA.


Después de varios cuentos rechazados, por fin logré que me publicaran en MIASMA, una de las pocas revistas en español dedicadas a relatos de terror. Se publica en España en el área de BARCELONA. Me estoy comiendo las uñas en espera de mi ejemplar que espero mis amigos del correo no se tranzen.

El cuento se llama "El escultor" lo escribi como parte de una convocatoria para escribir relatos a partir de una imagen para ser publicados en Axxón. No me lo aceptaron, incluso me dijeron que era un cuento pésimo, con decirles que a partir de esa crítica pensé mejor dejar de escribir. Para mi es un buen cuento de horror para que se te revuelvan las tripas. Ojalá puedan conseguir la revista. Les dejo el link donde pueden pedir informes : REVISTA MIASMA

jueves, marzo 06, 2008

Vals para Moore.



Es un día más para Moore, como tantos otros. A sus escasos quince años siente que es preso de la más inmisericorde monotonía. Son las seis de la mañana, ha pasado una hora desde que lo despertó la misma pesadilla. Esta vez no gritó ni lloró.
En sus sueños, se encontraba desnudo frente a su clase, todos se burlaban de él, lo insultaban, le gritaban que era un cerdo, lo escupían. El intentaba defenderse, pero se le abalanzaban, le enterraban lápices, reglas de plástico, tijeras. Se quedó estático mientras observaba como salpicaba con su sangre las caras de sus agresores.
Escucha ruidos en la habitación de a lado que lo regresan a la realidad. Es su madre que se levanta para bañarse. Moore puede adivinar cada movimiento y acción de ella.
Ahora debe estar desvistiéndose, ya abrió la llave del agua caliente, ahora la fría...
Su madre, le grita que ya se va.
Tu desayuno está listo en la mesa..., lo dice antes que ella.
Lo último que quiere es desayunar. Se siente culpable después de haberse comido una pizza familiar, él solo, la noche anterior. Le duele el vientre y le arde la garganta de tanto vomitar.
El chico se levanta y se acerca a la ventana, contempla como se aleja el auto rojo de su madre, hasta que se pierde a la distancia. Se tira al suelo y hace tantas abdominales que pierde la cuenta. Sólo el dolor lo hace detenerse. Al ponerse de pie, deja un pequeño charco de sudor. Ahora es hora de bañarse, antes se mira en el espejo del botiquín. Aunque el reflejo muestra a un chico atlético, sólo contempla a un pobre perdedor.
El pelo lo lleva largo, más del frente que de atrás. Se deja caer el copete para ocultarse el rostro.
No saben lo que es ser feo toda la vida.
Ya ni siquiera recuerda el color de sus ojos, le es imposible fijar la vista en él mismo. Rompe de un puñetazo el espejo en cientos de pedazos, le queda un fragmento incrustado en los nudillos. Lo arranca con cuidado, se quita la sangre que escurre entres sus dedos con la lengua. Con el vidrio escribe en su antebrazo, en letras mayúsculas: MUERTE. Respira profundo, un poco más calmado, como si el dolor del alma se escapara por la herida.
Después de un breve momento bajo el chorro del agua, se viste con el mismo pantalón roto de mezclilla y la siempre imprescindible camiseta negra. Como un autómata se dirige a la puerta de entrada. En el camino, pasa frente a su desayuno y no lo toca, agarra el plato y lo deja en la puerta para que los gatos se encarguen de ese huevo con jamón que tanto detesta.
Moore, como le llaman en la escuela, a simple vista es normal, en sus clases es atento y cumple con todas sus tareas. No se mete con nadie, rara vez se ve inmiscuido en algún problema. En su niñez, fue bastante obeso, sufrió por las constantes burlas de sus compañeros, pero ahora, a base de constante ejercicio se le ha formado un cuerpo musculoso. Todos le dicen que tiene un buen físico, él, cada vez que se mira al espejo, se encuentra con el mismo chico gordo y fofo de su infancia que se niega a desaparecer. Y lo odia.
Sale de su casa un poco antes de que el transporte escolar llegue. Se pone los audífonos del Ipod y escucha a su grupo favorito, “From First to Last”, a todo volumen. Alcanza a ver al autobús que se acerca.
Tan pronto sube, siente que todas las miradas se centran en él. Observa que dos muchachas se hablan al oído.
Eso es, búrlense de mí. Malditas víboras.
—¡Ese, Moore, qué onda broder! —le gritan desde el fondo—. Es uno de sus compañeros de salón.
—Qué onda, Jimmy Neutrón —dice al sentarse junto a él. Se quita los audífonos.
Su nombre real es Federico, pero se parece tanto al personaje de Nickelodeon que así lo apodan. Además de que es el chico inteligente de la clase.
—Te estuve llamando ayer, para que fuéramos a ver el juego de fútbol de las chavas —le reclama—, te perdiste de todo un espectáculo. Hubieras visto a la Marisol, tenía puestos
unos chorcitos, que para qué te cuento. No puedo asegurártelo, pero te juro que vi que llevaba tanga, te lo perdiste maestro —dijo, casi babeando de sólo recordar la escena.
Moore, ni se inmuta. Parece que no hubiera escuchado nada.
—¿No oíste lo que te acabo de contar? —reclama Jimmy.
—Claro que escuché, lo que pasa es que no tengo ganas de platicar. Me despiertas cuando lleguemos a la escuela —se vuelve a poner sus audífonos y cierra los ojos.
Despierta después de que lo sacuden por tercera vez. Camina junto a Federico rumbo al salón de clases. Un grupo de estudiantes charlan y bromean junto a las escaleras.
—¡No mamen!¿Sabes qué, Neutrón? Te veo más tarde.
—¿Qué, no vas a entrar a Ciencias?, acuérdate que el “Bigotes” te tiene en la mira.
—No me quiero cruzar con esa bola de fresas idiotas. Además ya me dio hueva.
—Que poca. Me abandonas.
—Si por lo menos te defendieras…
Alcanza a ver como molestan a su amigo. Le bajan el pantalón delante de las muchachas. Uno de ellos, le vacía su mochila, y se esparcen sus útiles escolares por todas partes.
Malditos aprovechados.
Llega al baño, cierra la puerta y le pone seguro. Mira por debajo, para estar seguro que se encuentra solo. Se provoca el vómito. Lo único que logra es lastimarse la garganta, apenas si puede escupir un poco de agua y bilis. Al fondo se escucha el timbre que anuncia que todos deben estar en sus salones.
No saben lo que es ser feo toda la vida.
Se enjuaga la cara, se acomoda el pelo para tapársela. Abre su mochila y busca el último Marlboro que le queda. Fuma sin prisa. Se lo apaga en la palma de la mano.
Al salir se cruza con la Directora.
—¿Joven Del Valle, qué hace usted afuera de su salón?
—Me sentí mal y fui al baño. Me dio diarrea ¿También está prohibido?
—No me interesa, váyase a su salón y mañana no entra a la escuela, si no me trae a sus padres.
No vengo por gusto, ruca de mierda.
—No se preocupe, Señora Directora. Con su permiso —finge una sonrisa y le muestra el dedo cuando ella está de espaldas.
Corre hacia su clase pues ya se le hizo tarde. Las escaleras están vacías, siente un poco de pena por su amigo cuando ve uno de sus cuadernos hecho pedazos.
Los odio a todos.
Se para en la entrada del salón, los demás están sentados ya. Siente las miradas inquisitivas de la mayoría otros lo ignoran como siempre. En la parte de atrás alguien dice algo que hace que los demás se rían.
Me las pagarán.
El maestro se percata que Moore está en la puerta, pero lo ignora por unos segundos. Luego a regañadientes le dice que pase. Se sienta a lado de su amigo, pero no se voltean a ver. Todos sacan sus libros y libretas, el ruido de los lápices chocando con la madera de los pupitres es lo único que se escucha.
—¿Alguien hizo la tarea? —el maestro lanza la pregunta como con miedo a la respuesta de negativa general.
Nadie dice nada, pero al fondo sin hacer mucho aspaviento, se encuentra Moore con la mano alzada a media altura.
—¿Me van a decir que solamente el señor Del Valle, la hizo? Eso si que es noticia —dice sarcásticamente.
Todos voltearon en dirección de Moore, la mayoría con cara de extremo enojo. Habían acordado sabotear al maestro después de que les dejó la tarea más grande de la historia en la institución, y quizá del mundo, el maestro no se atrevería a reprobar a todos. Moore, no pudo ocultar la sonrisa al ver que tenía para si toda la atención.
—¿Es tan difícil, hacer una exposición acerca del cuerpo humano? —pregunta el maestro—No tenían que hablar de todo, con cualquiera de sus partes hubieran aprobado. Les dije muy claro que iba a contar para su calificación bimestral.
—¿Ya puedo pasar al frente? —interrumpe Moore.
—Pase, jovencito —dice, como queriendo poner fin al asunto de la tarea.
Moore se pone de pie, se acerca a su amigo y le dice algo al oído. Federico lo mira sorprendido, duda un poco pero también se para, camina hasta la puerta y la cierra. Moore se pone junto al maestro que no entiende lo que está pasando.
—Si me permite, me gustaría usar su grabadora. Necesito un poco de música de fondo —dice Moore, mientras saca de su bolsillo un CD.
—No entiendo para qué, pero úsela. Nada más no ponga muy alto el volumen ¿Por qué se puso de pie, Federico?
Desliza el CD, y empieza a sonar “Un Vals para Moore” de “From First to Last”.
—Necesito que me ayude para que nadie se retire mientras expongo mi tema ¿Me ayuda? —Moore toma a su maestro de la mano, éste se para junto a él.
Del bolsillo trasero de sus pantalones gastados saca una navaja. Con una sorprendente velocidad le corta el cuello a su maestro. Un chorro de sangre sale disparado hacia las alumnas que se encuentran sentadas hasta el frente. El profesor cae de rodillas apretándose el cuello que no para de sangrar.
—Les voy a hablar a todos de la importancia de la sangre en el ser humano —empieza a decir Moore—, pero nadie hace caso. Todos gritan, unos intentan huir, pero Federico se interpone. Mientras Moore, patea al maestro que cae de espaldas, muerto. Moore, hunde su navaja en el estómago y hace un corte transversal. Mete su mano y jala uno de los intestinos.
—También quiero hablarles del sistema digestivo y sus principales partes. Éste es el intestino grueso…
Más gritos cuando lo jala como si desenrollara una manguera.
—Éste es el hígado y esto de acá la vesícula biliar…
Federico no soporta lo que está viendo y empieza a vomitar, otros se desmayan y los demás siguen gritando. Moore se acerca a una de las jóvenes que está histérica y le corta la yugular, se acerca a uno de los que habían molestado a su amigo y le entierra la navaja en el pecho. Se acerca a la grabadora, sube todo el volumen, luego regresa a donde yace el maestro.
Se escuchan golpes en la puerta.
—Esto de aquí, son los testículos…
Mientras sigue cortando partes del cuerpo del profesor, afuera gritan y golpean la puerta. Después de varios minutos, el ulular de las sirenas se empieza a escuchar.
Se ha quedado sin más partes que cortar. Moore está cubierto de sangre, se forma un gran charco rojo donde está parado. Entonces se empieza a cortar él mismo. Se hace un corte en las muñecas y otro en el cuello. Se recarga en el pizarrón y cae sentado mientras se desangra.
Derriban la puerta, varios policías entran apuntando con sus armas a Moore, que al verlos empieza a reírse. Y así, con una sonrisa en el rostro y al compás de su canción favorita les dice antes de morir: “No saben lo que es ser feo toda la vida”.

domingo, febrero 24, 2008

El mudito.



Fabián leyó en voz alta el titular de la primera página. "Niño desaparecido trae más temores", luego continuó su lectura en silencio. En el rostro con cicatrices, se formó una pequeña sonrisa conforme avanzaban los párrafos, , luego estalló en una carcajada que hizo eco en el cuarto vacío. No tienen idea, ni una puta idea.
Abajo, en el sótano, tres niños y una niña se encontraban sentados en la oscuridad. El sitio apestaba a humedad y suciedad de los propios infantes.
— ¿Qué creen que nos hagan? — dijo el mayor. Un niño delgado, de pelo negro y ensortijado. Se llamaba Juan.
—No lo sé, pero tengo mucho miedo —dijo la niña, su nombre era Brenda— ¡Quiero a mi mamá! ¿Por qué no viene? —. Empezó a sollozar y luego estalló en llanto
El más pequeño de los cuatro se acercó a consolarla. La abrazó sin decir una sola palabra. Sólo se quedó así, estrechándola contra su pecho. Ninguno de los demás sabía su nombre, ni lo habían escuchado hablar. Cuando los llevaron a ese sitio, él ya estaba ahí.
— ¿Por qué no hablas? ¿Eres mudo? — lo sacudió Max. Era el más despierto de todos. Un gordito de pelo café y ojos claros.
—¡Déjalo en paz! —gritó Brenda— ¿No ves que tiene más miedo que nosotros?
—Está bien, sigan abrazados. Juan y yo nos pondremos a buscar cómo salir de aquí ¿Verdad, Juan?
—Házlo tú si quieres. Yo ya me cansé.
—¿No ven que nos van a matar? Si no salimos de este lugar, nunca volveremos a ver a nuestros padres —dijo Max.
—Llevo más tiempo encerrado aquí que tú. Créeme, no hay manera de escaparse. Además de cucarachas y ratas, no encontrarás nada de nada —dijo Juan.
Arriba, Fabián llamaba por teléfono. Se paseaba nervioso por el cuarto.
—Jefe, ya tengo a los niños.
—Buen trabajo ¿Ya les diste de comer?
Fabián, se quedó callado por un segundo. Se le había olvidado hacerlo.
—Si, jefe. Ya les di. Que se mueran de hambre, los mugrosos.
—No quiero que les pase nada. No me los vayas a maltratar. No quiero otro accidente. Te lo advierto.
—No, cómo cree. Si los estoy cuidando. Que se pudran.
—Bueno, mañana temprano los mando a buscar.
—Aquí lo espero.
Sería la última vez que haría un “trabajito” para ese viejo, estaba harto de cuidar mocosos que siempre intentaban escapar. Le importaba un carajo lo que hicieran con los niños; él los vendía a un buen precio y con los que estaban en el sótano, tendría suficiente dinero como para pensar en el retiro. Quería largarse muy lejos, quizá a una isla en el Caribe. Sobre todo por lo que le sucedió con los últimos chiquillos que secuestró. Cuando uno de ellos lo sacó de quicio. Todavía tenía en los nudillos las cicatrices que se hizo al golpearlo. Aún no podía dormir al recordar aquello, ni podía explicarlo. El por qué había reaccionado de esa manera, bueno, otras veces se le había pasado la mano, pero con ese había rebasado los límites. Lo bueno fue que su jefe le creyó lo del accidente y pudo seguir trabajando. Dejó de pensar en todo eso y mejor telefoneó a la pizzería. Si los encuentra muy flacos no querrá pagarme.
—No creo que estén pidiendo rescate por nosotros, bueno, al menos por mi no, mi familia es muy pobre —dijo Max.
—He escuchado cosas horribles. Que matan a los niños para venderlos en pedazos —dijo Juan.
—Mi mamá me contó que hay gente que no puede tener hijos y que los compran—dijo Brenda.
—Pues si es para eso, no creo que nadie quiera comprar al mudito—se burló Max—. Bueno, podrían venderlo a un circo.
—¿Puedes dejar de molestarlo? El pobre no te ha hecho nada —protestó Brenda.
—Pues tiene que comer, porque desde que me trajeron aquí, no he visto que coma—dijo Juan.
Los tres voltearon a verlo, pero ya no estaba junto a ellos.
—¿Y ahora dónde se metió? —masculló Brenda.
—Debe estar platicando con sus amigas las ratas, allá en el rincón—volvió a mofarse Max.
Se escuchó el rechinido que hacía la puerta al abrirse, se callaron de inmediato, la luz que entró los deslumbró por un momento. Cayó una botella con agua rodando por las escaleras que los hizo voltear al mismo tiempo.
—Tengan mocosos. Quiero que traguen bien, porque mañana vienen por ustedes —les dijo Fabián. Luego les aventó la caja de la pizza que se desparramó en el piso polvoriento.
De nuevo oscuridad total. Recogieron los pedazos para repartirlos. Brenda tomó la parte que le correspondía al más pequeño y la llevó al lugar donde siempre se escondía.
Ahi estaba. Sentado, mirando hacia abajo.
—Ten, chamaco, come. Si no lo haces te vas a enfermar.
El chico sólo negaba con la cabeza y se tapaba la cara con las manos.
—Por favor...
Seguía negándose, esta vez se movía con más fuerza, luego, lanzó un grito inentendible que sobresaltó a todos.
—Está bien. Si quieres morirte de hambre, allá tú. Ya me cansé de estarte cuidando todo el tiempo. Te dejo la comida aquí.
Brenda regresó a donde estaban los demás. Escuchó a las ratas pelearse por la pizza del pequeño.
—No tiene remedio. Creo que quiere morirse—dijo Juan.
—Nosotros tenemos que planear cómo escapar—dijo Max—. Mañana cuando vengan a buscarnos, podríamos intentarlo.
—Ni crean que me iré sin el mudito. No lo pienso abandonar—dijo Brenda.
—Tengo un plan. Si el rarito es inteligente, huirá con nosotros—dijo Max.
Arriba, Fabián empezaba a desesperarse, temblaba de nervios. Se asomó por la ventana, luego se acercó a la puerta que conducía al sótano. Intentó escuchar lo que hacían los niños. No hacían ningún ruido, eso lo alteró aún más. Están tramando algo, se quieren escapar. Abrió la puerta y acechó. Estaba muy oscuro, así que encendió la luz. Nada. Subió y bajó el interruptor sin éxito.
Cerró la puerta y fue a buscar una linterna. Mientras revisaba la caja de herramientas, se encontró un mazo. Una voz dentro de su cabeza le dijo: “Quieren huir, no lo permitas”.
Tomó la herramienta con esfuerzo, pues estaba pesada. Sólo lo utilizaré si es necesario, mis boletos al Caribe no pueden escaparse.
Regresó, llevaba la linterna en una mano y la herramienta en la otra. Descendió con mucho cuidado.
—¡Malditos mocosos, salgan donde los pueda ver!
No recibió respuesta. Empezó a perder el control. No puede ser, cálmate. No pierdas los estribos. Acuérdate lo que dijo el jefe.
—No me obliguen a buscarlos ¡Se los advierto!
Escuchó que se movía algo en la oscuridad , iluminó hacia la esquina de la habitación, vio una sombra moverse. No pudo reaccionar a tiempo. Un golpe en la cabeza lo hizo trastabillar y cayó sobre unas cajas de cartón. Perdió el conocimiento.
—!Corran, larguémonos de aquí! —gritó Max.
Juan y Brenda, salieron detrás de él. Subieron las escaleras a toda prisa. Por un segundo la habitación que estaba más iluminada les afectó la visión, pero pronto se acostumbraron al cambio. Se encontraron con un lugar vacío y al fondo, la puerta que los conduciría hacia la libertad.
—¿Dónde está el mudito? —dijo Brenda—Les dije que no me iba sin él.
—¿Estás loca? ¡Vámonos! Si no quiere venir, es por algo —dijo Juan.
—Pues voy a buscarlo, váyanse ustedes —contestó la niña.
—¡Yo, me largo! —gritó, Max.
Juan volteó a ver a Brenda y con la mirada parecía decirle que no fuera tonta, que escapara con ellos. Ella le dijo adios con la mano y regresó al sótano.
No podía ver nada, así que bajó con mucho cuidado. Por poco tropieza con unas cajas que estaban tiradas. En el suelo, con la cabeza ensangrentada, su raptor seguía inconsciente. Lo pateó con fuerza en las costillas para ver si reaccionaba, pero ni se inmutó, luego se acercó a la esquina donde siempre se escondía el pequeño.
—Chiquillo, no seas tonto.¡Tenemos que largarnos! —gritó Brenda.
El niño no le contestó. Insistió varias veces, pero no recibió respuesta.
Voy a tener que ir por él. No me importa si tengo que arrastrarlo.
—Chamaco, tontito ¡ven conmigo! —susurró.
Brenda sintió un terrible dolor en la espalda, se le doblaron las piernas y se desplomó. Con la mirada borrosa, alcanzó a ver a Fabián agarrando un mazo. Luego la tomó del cabello con violencia.
—¡Maldita! ¿Dónde están los demás? Por su culpa no me pagarán ¡Ya me chingaron! — La empezó a abofetear, luego la golpeó con el puño cerrado.
—Está bien, ya no me pegues. Por favor no me lastimes más —suplicaba la niña.
Brenda que sangraba de la nariz, tenía un ojo bastante lastimado, sostenía una lucha encarnizada por soltarse.
Mátala, Mátala, le decía a Fabián la voz dentro de su cabeza.
Él sostuvo la pesada herramienta con ambas manos. Rómpele la cabeza, Rómpele la cabeza, se repetía cientos de veces, como eco en la mente.
Era el momento para darle el golpe de gracia. Alzó los brazos para asestarselo con saña , pero entonces lo vio, parado frente a él, lo miraba con la misma expresión de angustia.
—¿Tú que haces aquí? —gritó Fabián—apenas si pudo articular esas palabras.
El pequeño se acercaba arrastrando los pies, la piel casi translucida. Sus ojos tristes parecían reclamarle todo su sufrimiento.
—¡Pero si yo te maté! —, alcanzó a decir con los ojos desorbitados por el terror—Yo mísmo te enterré.
Brenda vio al mudito parado frente a Fabián, se acercaba con pasos lentos, pero firmes hacia él. Sin duda era el pequeño, pero algo andaba mal. Su rostro deformado, la cabeza aplastada, como si le hubiera caído algo muy pesado sobre ella.
Fabián se hincó de rodillas, como si pidiera clemencia, soltó el mazo que fue a parar a los pies del niño. Empezó a sollozar y al mismo tiempo a orinarse de miedo.
—¡No quise hacerte daño, lo juro!
La expresión del mudito era de odio, como si lo quisiera matar sólo con la mirada. Recogió el arma sin ningún esfuerzo y asestó un golpe. Fabián quiso detenerlo, pero esa acción le costó que se le partiera en tres pedazos el brazo. El hueso fracturado se abrió camino entre los músculos y piel. El secuestrador ahora no dejaba de gritar.
Cuando el pequeño volteó a ver a Brenda, su semblante cambió al que ella conocía. La miraba con aquella melancolía que la hizo adoptarlo como su hermanito. Fue en ese momento que escuchó dentro sus pensamientos: “Mi trabajo ha terminado, regresé para protegerte. Huye. Los demás te están esperando cerca de aquí”.
—¡No te voy a dejar!—gritó Brenda con fuerza.
Entonces el niño volvió a dejar caer la pesada herramienta, pero esta vez sobre el cráneo del secuestrador. Sobre el piso quedó la mitad de la materia encefálica y el cuerpo contorsionándose como gusano de Fabián.
“Brenda, no hay nada que hacer. Debes irte pronto por que no tardan en llegar los demás secuestradores”.
La niña miró a Fabián en medio de un gran charco de sangre, pero el mudito había desaparecido. Salió lo más rápido que pudo de ese lugar. Corrió sin mirar hacia atrás, hasta que escuchó que Max la llamaba. Se detuvo y se sentó a llorar, aún no podía asimilar lo ocurrido en el sótano. Intentó explicarselo a los demás, pero no pudo hacerlo en ese momento. Minutos después les contó lo que había presenciado.
—Debemos ir a la policía y contarles todo— dijo Juan.
—Pobre mudito, y pensar que todo ese tiempo me estuve burlando de un muertito— dijo Max— , que Dios me perdone.
—Ojalá que por fin pueda descansar en paz— sollozó Brenda.
Los tres se abrazaron formando un círculo y pidieron por el eterno descanso de su amigo. Así se quedaron un rato. Los tres lo sintieron, pero nadie dijo nada, alguien más se unió al abrazo...

domingo, diciembre 16, 2007

Cuento Publicado.

Ha sido toda una sorpresa. Me han publicado el microcuento "Karma". La verdad tiene mucho que lo envié a Axxón para un especial. Yo lo daba por perdido, es por eso que apareció en mi blog mucho antes que en la magnifica Axxón. Como siempre aparecer en esa revista siempre es un orgullo.

Pueden verlo aquí, junto a muchos más. Todos muy buenos.

lunes, noviembre 12, 2007

Conozcan a mis hijos.


Aunque la foto es de hace dos años. Quiero que conozcan a mis hijos varones.
De atrás para adelante: Emiliano, Eduardo, Erath y Enrique.

sábado, noviembre 10, 2007

Nuevos cuentos publicados.


Me han publicado dos nuevos cuentos en Forjadores.net producto del taller "Forjadores" esta vez en el especial de "Vampiros". Son "El último brindis" que ya habia publicado en este blog, sólo que esta vez es una versión 100% mejorada. El otro es "Ciudad de muertos". Todo el especial está de lujo, asi que visitenlo.

Luego me invitaron a participar en el número 83 especial de vampiros de la revista cubana "Minatura" y me aceptaron el cuento "El trabajo equivocado". Pueden bajar la revista desde este sitio. Estoy a lado de Sergio V.G.H. , J.E. Alamo y algunos amigos del taller forjadores.

lunes, septiembre 17, 2007

El prisionero.



—¡Puta! —le grito.
Pero ella no entiende, se ríe como si fuera retardada. Voltea hacia el hombre que la espera junto a la cama y le dice algo que lo hace sonreír. Me deja atado a la silla, no sin antes darme de comer una sustancia verdosa que detesto. La escupo, pero hace que me la trague de nuevo. Vomito sobre su vestido. Se sorprende un poco, pero como siempre, se limpia y se retira. Lo único que sé, es que si estuviera desatado, le sacaría los ojos con la misma cuchara con la que me alimenta. Se aleja y mientras se acerca hacia el hombre deja caer su vestido. Se abalanza sobre él y se le monta encima. Después de un rato, los dos jadean, se retuercen hasta quedar dormidos.
Estoy asqueado de todo esto. Mi cuerpo empieza a entumecerse, le grito que la mataré si no me suelta y deja de atormentarme. Después de un rato se levanta, me desata y mientras yo la insulto, ella me carga en brazos y me recuesta sobre un colchón rodeado por barrotes de madera.
—Creo que ya no deberíamos hacerlo en presencia del bebé, Pascual, parece que no le gusta.

Karma


El Doctor Pérez murió de un ataque en plena sala de quirófanos. Volvió a la vida. Vio con terror una aspiradora emerger en el cálido útero maternal. Un grito sordo, un brazo desprendido. Esta vez, él sería el abortado